CANGAS DEL NARCEA- El Domingo Detrás o de Promesas en el Acebo . 2026

Xuntáronse más vaqueirus
en el Acebo’l oatru anu
que pelos tiene una cabra
ya fuechas vinti castañus
Chegaban de todas partes;
ya también lus asturianus
facian bon formigueiru
nun se cabia’n el campu
No pude por menos que acordarme del inicio del poema “El Acebo” de José María Flórez González al acudir al Santuario del Acebo el día 12 Domingo, día 12 de septiembre, festividad del Domingo de Promesas, ahora denominado Domingo Detrás con cuya celebración se quiere recuperar las tradiciones vaqueiras que este santuario y celebración guardan. Los principios están asentados.
Amaneció el día guapo donde los hayas. Una de esas mañanas septembrinas asturianas en que el sol brilla en toda su intensidad y el azul reina en lo alto extendiéndose desde allí hacia los cuatro puntos cardinales.
Desde temprana hora comenzó a ser notable la presencia de coches que, llegados al Paso cangués, giraban decididos hacia la subida que desde la villa llevar Santuario mariano. También grupos equipados para iniciar animosos la ascensión a pie. Estos también se dejaban sentir en La Imera iniciando desde allí la subida para salir a la carreta primigenia un poco más arriba de Veigalapiedra.
Peregrinos de unos y otros lugares se sacaban así la espina que les dejó el día principal, el 8 de septiembre, que este año, cual el del Carmen en Julio, vino fosco, fresco y con muchas lluvias, desluciendo o haciendo que se suprimiesen sin más muchos de los actos programados incluida la clausura del Año Santo.
La colocación de una gran carpa para actos y otros artilugios en la explanada principal, redujo considerablemente las plazas de aparcamiento por lo que las hileras de vehículos conformaron pintorescas y coloridas hileras estacionados a ambos lados de todas las que hasta allí llegan. En los sitios más inverosímiles te encontrabas un vehículo, “Más que romeros” determinó algún paisano con socarronería. A vista de dron seguro que resultaba un vistoso espectáculo.
Una bonita imagen plástica dejó la llegada de un numeroso grupo de jometes en sus caballos que, precedidos de gaita y tambor rememoraban la llegada a las brañas de aquellos vaqueros de antaño. El sol seguí luciendo y los romearos llegando. Tal parecía que había que echar abajo los cierres de los montes para colocar a tanta gente. Música aquí y allá, gritos, saludos entre amigos y conocidos y colorido, mucho colorido. A la una y media comienza la misa presidida por el arzobispo Monseñor Jesús Sanz. Obispo y sacerdote llegan en precesión hasta la entada principal del Santuario lleno en su interior y rodeado por numerosos fieles. Pese a la megafonía se hace difícil seguir la celebración en el exterior. Paisanos y paisanas se masturban muchos más interesados en contarse sus cuitas y cotilleos casi a voz en grito que en atender a lo que dentro ocurría. Hube de buscar un lugar estratégico par oír lo que monseñor pudiese decir en su homilía, visto lo ocurrida en Covadonga. Al final fue comedido. Tan solo hico alusión al perdón grande que pedimos y el pequeño que generalmente estamos dispuesto a dar tal y como al Evangelio de domingo correspondía. Tan solo en las preces hizo referencia” a los que sufren en Ceuta”. Aprieta el calor.
Desde dentro llega potente la voz de Joaquín Pixán cantando con el Coro de Cangas su himno “Volver al Acebo”. Baja el tono de las conversaciones.
Manga y estandarte indician la procesión. El momento tiene un aquel especial que despierta recuerdos y emociones sencillas, emociones de ayeres idos y días por venir, especialmente para las familias del contorno, de la parroquia Repican las campanas, suena la música, se colocan los fieles a uno y otro lado, se incorporan los que se encuentran sentados en los alrededores, salen de bolsillos y bolsos cientos de móviles…. Delante de mí pasa el concejal Ángel González, ataviado de vaqueiro tal y como la ocasión exige. Junto a él su mujer con su atuendo acorde con el del marido. Más allá, todos ya con atuendo veraniego, el alcalde cangués José Luis Fontaniella y las concejala de Cultura y de Festejos, Tania Rodríguez y Alba García. Con ellos el presidente del PP asturiano, Álvaro Queipo, con fuertes raíces en el conejo.
Termina la ceremonia y el personal comienza a desparramarse por los alrededores. El reloj busca la tres de la tarde y unos se acercan a las barras de bar para la ocasión dispuestas mientras que otros buscan donde encontrar un hueco para dar cuenta de las merienda traídas mientras otros lo hacen en los dos restaurantes que allí se ubican. A eso de la una ya únicamente daban hora a partir de la cuatro de la tarde. Ese fue el turno que me correspondió.
Para hacer tiempo, cerveza en mano, me acerqué a la subasta de las ofrendas habidas que allí, a le entrada al complejo del monasterio efectuaba un pisano la mar de simpático y, por lo que deduje, buen conocedor de lo que hacía. Para mí sorpresa la subasta se hizo en pesetas lo que me llevó a pasar un bien trato viendo las dificultades con las que se encontraba, un grupo situado detrás de mí, para pasar de pesetas a euros.
Trascuentas. Trescientas pesetas el pan
Resalto muy divertido a la vez que me confirmaba, lo rápido que pasan los años
-Cuatro mil, cuatro mil pesetas el llacón
Allá, cerca ya de las cuatro y media, me sentaba a comer: Un solemne y más que abundante caldo de berzas y unos escalópines tan deliciosamente empanados que decidí dejar a un lado el cabrales servido aparte. Me dieron ganas de llorar.

La tarde avanzaba espléndida y decidimos dar un paseo. Lo hicimos en dirección al Cabanal por una carretea delimitada por cientos de vehículos de todas las marcas y colores. Por un camino lateral, a la izquierda, avanzamos unos metros para asomamos a contemplar en la lejanía múltiples pueblos de la zona de Sierra que, conformando un gigantesco Belén Navideño, se adivinaban entre más secarrales que verdes. Y es que el año no ha sido prodigo en aguas.
Tras el parón para las comidas, la explanada había vuelto a animarse y eran múltiples las personas que por allí pululaban animadas y jacarandosas.
En la carpa, los grupos folclóricos ofrecían sus repertorios entre los jaleos y aplausos del respetable que, casi siempre vaso en mano, la llenaban. Un grupo portugués ponía cumplido contrapunto a las gaitas regionales. Era enternecedor el ver a grupos de niños incorporarse al baile y repetir miméticamente los movimientos de las parejas. Tal parece que la pervivencia de las tradiciones está asegurada.
Sin michas prisas nos dirigimos al aparcamiento en tierra que habíamos utilizados y que también lo había sido había sido para extender manteles y mesas y levantar tiendas. Sin prisas indicamos la vuelta.
Como quiera que el día había resultado redondo decidimos parar a tomar café en Veigalapiedra donde la atención es siempre más que agradecida. Nos sentamos en el coqueto jardincillo que da acceso al bar y la vivienda y allí no encantamos con unos vecinos, Aldino y Mari, que a tuvieron a bien invitarnos, y con ellos entablamos conversación. Mientras Maribel lo hacía con una parte yo terminé haciéndolo con Aldino, nació en Linares del Acebo vecino que fue de esa localidad y que allá, muchos años atrás, había sido monaguillo nada menos que con el inolvidable (en todos los conceptos) don Herminio, el cura del Acabo por antonomasia, del que ambos recordamos una y cien anécdotas. Ambos venimos en coincidir en que él había sido el artífice de la recuperación del santuario, de darlo a conocer y de mejorar, y muy mucho, sus comunicaciones.
Aladinito recordó, y así no lo contaba, como, acabadas las misas dominicales y festivas, tras recoger don Herminio los billetes que aparecerían en los cepillos en la iglesia instadlos, los monaguillos, con una pequeña pala de las de echar el carbón en las coimas, recogían las monedas metiéndolas en pequeñas bolsas de plástico sin contar ni nada.
-Eran otros tiempos, Mera, me repetía una y otra vez.
-Acabó mal con la parroquia por culpa de las riña y los jaleos por la propiedad de unos y otros terrenos de los montes cercanos… y por su carácter; era muy, muy, muy…especial…muy soberbio. Hizo mucho, pero al final terminó mal con los paisanos de todos estos pueblos-
El sol se hundía por el oeste. En las muchas curvas de la bajada, donde se pasaba del sol a la sombre casi total y en la viceversa, que decía Peláez el marmolista, la conducción se hacía difícil, sobre todo cuando ya uno ha dejado atrás los ochenta.
El día resultó perfecto.
Y por cierto, las cuatro mil pesetas que en la subasta alcanzó el lacón (txaón que dirían los vaqueiros) son veinticuatro euros.




