Del oso fascista a los agricultores terratenientes

Dicen los rumores que corren de árbol en árbol y de arroyo en regato que no ha mucho tiempo, una nota de esas que aparecen en Internet tapadas de autor y escondidas de escribano, viene señalando que el oso que merodea entre Larna, Arbolente y Obal.lo (Obacho fonéticamente traducido)  en Asturias, es un oso más que peculiar y con ideas humanas (¿Humanas?)

Según dicha rumorología, impregnada del progresismo del pensamiento buenista guay, podría muy bien tratarse de un oso fascista, calificativo multiusos a la hora de aplicarlo por los ideólogos arriba citados a cualquiera que ose (y oso) contradecirlos o que, como el oso en cuestión, camine en dirección contraria a la suya. Convénzase amigo de que cuando digo oso quiero decir también osa, no sea el demonio y la demonia.

Y si el oso es desta guisa, ¿cómo serán los paisanos?, se pregunta el bien pensante lector aún virgen de maldad política.

Viene a iluminarlo el ínclito, democrático, obrero y progresista, dirigente del sindicato UGT, Pepe Álvarez, quien señala, más o menos, que todos cuantos en el campo trabajan son terratenientes de la derechona fascista. O sea exactamente como el oso. Acabáramos. Han sido los paisanos los que han contagiado al oso. Y los paisanos del pueblo, no los también progresistas ecologistas, ecologistos y animalistas y animalistos de moqueta y aire acondicionado que viven en Oviedo u otras capitales.

Séame constructivo el lector y si es necesario dialogue consigo mismo, con el oso, con la madre superiora del convento de Cangas y el prior de Corias, y así se abrirá su mente y espíritu a la cordura de los tiempos y el pensamiento único. Dialogue, dialogue, aunque solo hagan eso y no lleguen a conclusión alguna. ¡Fascista el que discrepe!. Y precisamente por eso lo es el oso, por discrepar.

Y estos “carcas y populistas” agricultores y pequeños ganaderos son también los culpables de la grave situación del medio ambiente. Los segundos por los pedos de sus vacas, los primeros por sus abonos y dejadez, dicen. Y encima quieren abandonar los pueblos para que los responsables de los chiringuitos gubernamentales que los controlan y pueblan con buenas gabelas han de romperse la cabeza buscando qué gilipollez se les ocurre para llenar la “España vaciada” que dicen, cual si hablaran guiados por la Verdad del Espíritu Paráclito en su evangelización de los pueblos y los pocos habitantes que quedan en ellos.

Y tomo prestada esta afirmación del periodista Ignacio Camacho que asumo en su totalidad:

“Pero el sector primario está harto de quedar postergado en la moda de la política de diseño. La de los gurús que hablan de energías eólicas o fotovoltaicas sin haberse curtido al sol o al viento, la de los animalistas que piensan en el bienestar de las mascotas sin preocuparse de los problemas ganaderos, la de los veganos que jamás se han inclinado sobre los surcos y los terrones a la intemperie de un horizonte abierto. La de los demógrafos y planificadores académicos que hablan de fijar población mientras cuadran presupuestos dejando a las pequeñas localidades rurales sin médico, sin tren o sin colegio”.

Pues eso.

 

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