La foto y su pie. Placidez vespertina

Ha cesado de repente el tremolar de las hojas y el suave balanceo de las ramas. De repente ha quedado dormido el paisaje en quietud intemporal.

Tal parece que el Luiña ha detenido sus aguas y silenciado los susurros de las mismas en su acariciar los trocos de la ribera. Duerme el transcurrir del tiempo, duerme el hacer y hasta duermen los pensamientos.

Cae la tarde lenta, dejándose ir silenciosa de sones. Y cuando la placidez del momento ha adormecido el ánimo y el sentir del paseante, un ladrido del perro de Fariñas, rompe el encanto. Y la brisa comienza a soplar suave., y las aguas vuelven a acariciar los troncos.

-Buenas tardes.

 El saludo de un viandante me desierta de mi ensimismamiento. Y rutinariamente los pies siguen su andar por el Paseo del Vino

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