De expertos en Covid, terrazas y mentideros

Hoy les voy a hablar de expertos. No de aquellos a los que el gobierno consultaba, pero luego resultó que no existían, no. Le hablaré de otros más cercanos. Recordarán mis amables lectores cuando no hace aún muchas fechas casi todos los españoles, pero muy especialmente los asturianos, nos convertimos en expertos automovilistas y consumados mecánicos de la mano de los triunfos que conseguía Fernando Alonso. Antes lo habíamos sido en tenis con los inicios arrolladores de Rafa Nadal, y en baloncesto con los hermanos Gasol. Y también hay bastantes que lo son en políticas, ya sean éstas económicas, sociales o del ya veremos a ver.

Dejo aparte el fútbol porque en eso somos verdaderos especialistas todos y cada uno de los españoles, especialmente si uno ha dado cuatro patadas a un balón allá en su juventud en algún equipo local o, como mucho, regional.

Viene al hilo esta entradilla para acercarles a una nueva especialidad en la que otra vez la mayoría de los españoles nos hemos convertido en expertos. Pero me limitaré a apuntarles tan solo el hacer en esta comarca.

Tras darse en Cangas unos casos de Coronavirus, algo que dada la situación y la llegada de visitantes era algo más que probable, el saber médico y epidemiológico de muchos de nuestros vecinos salió repentinamente a la luz y alcanzó carta de naturaleza en las terrazas, esquinas y mentideros.

¡Pero cuanto talento médico  inutilizado!. ¡Cuántos conocimientos olvidados en una mediana villa asturiana!. ¡Cuántos saberes dormidos durante tanto tiempo!…

Y el doctor Simón sin enterarse y diciendo obviedades en las televisiones. Aquí no solo no nos conformábamos con saber cuántos paisanos habían estado en relación con el virus, sino que, cumpliendo con nuestro deber ciudadano y no por otra cosa, indagábamos dónde vivían, si eran solteros o casados, si tenían o no familia, si habían acudido a éste o aquel bar, si llevaban o no mascarilla y si ésta estaba homologada o la habían comprado en los chinos. Y siempre había alguien que afirmaba con rotundidad que sí que era de los chinos. Y el otro y la otra lanzaban nombres de contagiados o de quienes en su justificativo “al menos es eso lo que se dice”, relacionaban a todos los que había pasado por éste o aquel bar que podía estar infectado. “Según dicen”, añadía como coletilla acreditativa final de “su verdad” para salvar su cuidada reputación de anti cotilla.

Y aquella otra terracera que, con la mascarilla en la barbilla, peroraba agitando lo brazos: ¡Si es que no se quedan en casa”¡ No cumplen las normas!..  Y remataba: vienen de fuera y claro, nos contagian a todos.

Éste era y es el cénit del razonamiento. ¡Es que nos contagian!. Una vez más y como ya he repetido en más ocasiones, la responsabilidad la dejamos para “los otros”. Nosotros somos distintos, nosotros analizamos seriamente en nuestro convencimiento del saber. Son “los otros” los que cotillean y malmeten, apuntan a éste y aquel, e incluso hacen daño, inconscientemente quizás, pero lo hacen. Y para rematar te apostillan que es que estas cosas se dicen y se comentan que no es cotilleo en absoluto que es simplemente saber

“Cosas veredes Mío Cid”, que decía el poeta.

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