ALLANDE.-Moviendo mercancías por el mundo desde El Valledor

ALLANDE.-Moviendo mercancías por el mundo desde El Valledor

Laura Valledor ha hecho de Allande su refugio y desde la aldea de San Martín vende la soledad y el silencio de la zona.

 Cuando vivía en Valencia y tenía un mal día, cuenta Laura que  entraba en Google Maps y recorría una y otra vez los doce kilómetros de carretera que llevan de Berducedo a San Martín del Valledor. Y allí aparecía un ay otra vez el pueblo de la familia de su padre y se repetían machaconas las márgenes felices de su infancia. Aquella libertad que encanta en los bosques allandeses. Y entonces decidió volver a bucaral

Ahora Lara vive aquí, teletrabaja en San Martín de lo mismo que trabajaba en Valencia y además vende silencio a turistas en la vieja casa rectoral del pueblo, reconvertida en alojamiento rural para viajeros que quieran «experimentar la ausencia total de ruido humano» y desconectarse como ella, pero sólo un rato, de la cobertura constante del mundo.

Lleva ya  tres años en Allande y el camino de vuelta, resume, «ha sido duro, pero muy gratificante y satisfactorio». Divide su tiempo en dos, el teletrabajo y la atención de los apartamentos, Hasta eso de media tarde, según los días, trabaja en remoto como transitaria para una empresa valenciana del sector de la logística. Hace de intermediaria en grandes transacciones internacionales de mercancías, asegurando que los pedidos llegan a su destino sin contratiempos y coordinando desde la aldea un equipo de cuatro personas que gestionan grandes cuentas, de clientes que mueven «a partir de 1.000 o 1.200 contenedores al año». Cuando acaba la jornada disfruta de la sensación de tener «un valle entero para hacer rutas y respirar« y todo el silencio del mundo a su disposición. Cambió «los tacones por unas chirucas» y no se arrepiente de ello ni en invierno.

 San Martín es el pueblo de su padre y el lugar al que la vida trajo a su madre, una maestra vasca criada en Moreda que tuvo su primer destino aquí El trabajo de los padres la llevó primero a Tineo, la Universidad a Oviedo, a estudiar Ingeniería Informática, y la vida, entre otros rumbos, a Valencia, donde ejerció durante más de diez años en la empresa del sector logístico en la que sigue en esta nueva vida, pero ahora desde la distancia.

 Siempre le había gustado el silencio, el retiro y la soledad, cuenta, «pero nunca me imaginé que mi fin iba a ser venirme a vivir a Allande

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R. Mera