CANGAS DEL NARCEA.- La foto y su pie: Paraguas en Sevilla

 

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Cuatro gotas. Apenas llegaron a mojarme el pelo. Entraba en Triana y tal parecía se iniciaba el diluvio universal. Capuchas, trencas… y paraguas. ¡Que sustos, miarma!. Un trianero con el paraguas abierto tiene más peligro que un novillo suelto en encierro de pueblo. Nunca sabes hacia que lado va derrotar y te la juegas tanto al cruzarte con él como al adelantarle o que  te adelante. Yeso con las aceras despejadas. ¡No quiero ni pensar lo que sería con ellas llenas de viandantes!

Pensé en abrir una academia sobre “El arte de llevar el paraguas ya sea abierto o cerrado” o enviarlos a todos a un cursillo práctico acelerado en la ovetense Calle Uría un sábado al atardecer.

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