CANGAS DEL NARCEA.- ¡Ven a vernos, ho!

 

Ven-a-vernos

Pese a todo lo que leas, incluso en esta página, denunciando situaciones no muy positivas en esta o aquella otra parte del concejo, ven a vernos.

Amén de extenso, es Cangas del Narcea un concejo peculiar, abierto, ancho y profundo en todos sus aspectos. Sus visiones, sus vivencias, son múltiples y distintas. Y lo son también todos y cada uno de sus valles, de sus montes, de sus ríos, de sus pueblos y aldeas; sus cosas y casos, su hacer y su vivir.

Ven a vernos y déjate llevar. No importa el punto cardinal al que decidas dirigirte, ni la comarca, ni el valle o el monte. Simplemente coge tu mochila y cayado y déjate llevar por el momento. Por el pronto que surja espontáneo en ese preciso instante en que tu pie da el primer paso al abandonar el hotel, pensión, hostal, o casa rural en la que te encuentres.

Claro que puedes tomar rutas señalizadas. Las hay de todo tipo y dificultad. Te llevarán por sitios prácticamente desconocidos y te abrirá paisajes espectaculares o inhóspitos. Horizontes de bosque y montañas apenas hollados por pie humano. Y te acercará a pueblos que aún guardan entre sus casas posos de tiempos idos y fuentes de olvidados cantares. Y a aldeas semiabandonadas que pasarás sin cruzarte con nadie, si acaso algún perro de paso ligero alejándose huidizo.DSC_3073

Yo prefiero el “dejarse llevar” de cada momento. Coge cualquiera de las carreteras que parten de la villa, si es una local, mejor. En cualquier punto deja el coche y entra en el primer camino que te encuentres. Deja que sea la brisa la que te cante el camino y tus botas elijan la dirección en cada cruce o recodo. Desde cada punto del cielo o de la tierra te llegarán  silencios de siglos y sonidos del momento sin que muchas veces sepas distinguir uno u otro. Incluso puede que oigas el desacompasado latir de tu corazón cuando enfiles una empinada senda que no sabes donde te lleva. Y trepas entre la cerrada vegetación y te dejas acariciar por el silbo del viento entre las ramas. Y de repente coronas aquel monte del que ni siquiera sabes el nombre.

Y tendrás la sensación de que rozas el azul del cielo con las puntas de los dedos mientras ves atónito como un águila abre sus alas por debajo de tus pies. O un repentito ruido te hará volverte raudo y alerta ante lo improvisto. Y puedes que, con una sonrisa, pienses, entre preocupado e ilusionado, que entre la maleza aparecerá un oso.

Y emprenderás el regreso pletórico de sensaciones. De haber vivido un especial abrazo con la naturaleza y tu propio yo. Quizás, incluso habrás podido contar a la brisa, mezclando tus susurros con los suyos, secretos de tu conciencia.

Ven a vernos, ho.

 En la villa

 Aprovecha la mañana siguiente para una nueva excursión. No necesitarás mochila ni calzado especial. Asómate a la villa capital del concejo y vuelve a dejarte llevar por el pronto. Puede que por inercia te encuentres frente al palacio de Toreno, sede de las consistoriales, de patio impresionante y una señorial escalera de acceso al corredor que le rodea.

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Y quizás al salir y asomarte a las almenas que enfrente suyo se hallan descubras una estrecha y empinada calle. Se llama Sos del Mercado  (Debajo del Mercado), pero el decir popular la ha bautizado con el descriptivo nombre de Rastraculos o Arrastraculos. Procura no aplicar el nombre  a tu físico en la bajada. Pasea junto a los ríos Narcea y Luiña, visita la ermita de Ambasaguas que  acoge a Nuestra Señora del Carmen, la Virgen a la que anualmente los cangueses ofrecen cientos de kilos de pólvora. Lentamente sube, recreándote en el momento, la cuesta del Cascarín, palomar de Cangas conformado por casas antiguas, algunas de especial color, que guardan cientos de historias de ayer y hoy. Contempla la villa y sus puentes desde el pico del barrio. Y vuelve de nuevo sin prisas, cruzando el Narcea, hacia Barrio Nuevo, para subir al Fuejo y pasar hasta la Plaza de la Oliva por el impresiónate Puente Colgante, símbolo de la villa. Experimenta la sensación de su movimiento pendular y mira el correr del río bajo el otro puente que debajo del anterior se halla, el de los Penones. Y ya puestos, cuéntalos

Al entrar en la plaza encontrarás el palacio de Omaña a la izquierda y a Colegiata a la derecha. Entra. Siéntate en un banco y déjate llevar por el silencio del tiempo acumulado entre sus muros. Descansa.

No quiero orientar más al viajero. Desde ahí déjese llevar por una u otra calle y vaya recorriendo la villa. Pronto se verá envuelto por el ir y venir de los vecinos y la actividad comercial. Curiosamente ello es mucho más evidente y activo los días laborables que los fines de semana. Pasada la mañana del sábado, la villa cae en una especie de letargo que solo se ve alterado por la movida del sábado noche.

No olvide tomar un vino de Cangas en el chigre de Antón Chicote. Él es cultivador, vendimiador, elaborador y vendedor, amén de camarero, animador, contador de historias y un gran cantador de tonada. No olvide sus especiales y originales patatas.

Callejee y alterne. Pronto entablará conversación con los cangueses, asturianos abiertos y animados, perfectos anfitriones siempre dispuestos a lanzarse festivamente a la calle por cualquier motivo. La Calle Mayor es el centro neurálgico de la villa, piérdase en sus bares y terrazas y cuando decida ir a comer, seguro, seguro que acierta. Comer bien es en Cangas lo más fácil.

Lo dicho: ¡ven a vernos, ho!

 

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