ENCLAUSTRADOS. XVIII.- Orbaya y esperan los huertos

Jueves , día 2 de abril.  Algún día las gentes de esta generación podrán contar a sus hijos y nietos como durante muchos días la relación entre unos y otros, especialmente entre vecinos, se establecía con aplausos. Día tras día, a las ocho de la tarde, un volador daba la salida, y las gentes se agolpaban en balcones y ventanas aplaudiendo. Seguidamente venían las, llamémoslas actuaciones, cánticos, música, gaita,,, cualquier cosa que amenizase la tarde y aflojase las tensiones acumuladas en el día.

Diez de la mañana. Pasa un conocido médico cangués ligeramente encorvado bajo su mochila. Vuelve a casa tras el turno de noche. Hay un ligero orbayo y la neblina envuelve la villa

Hemos entrado en abril, el de las aguas mil, que se muestra ante nosotros con esperanzas abiertas a un futuro mejor, o simplemente al de antes, a ese en que éramos felices sin saberlo. No hay nada mejor que acusar la falta de algo para darlo el valor que realmente tiene.

Y en estos días de apreturas hogareñas envidiamos a los vecinos de los pequeños pueblos, a los de las aldeas, que tienen un enclaustramiento muy diferenciado del nuestro. Me cuenta Xuan que en realidad no están notando en casi nada el aislamiento. Prácticamente todos, sean del que concejo que sean, tienen detrás o enfrente un huerto, o un prao, y pueden pasear allí tranquilos en la seguridad de que no se cruzarán con nadie. Pero tienen esa libertad de pasear, hacer éstas o aquellas cosillas en la tierra, en el cuidado de la pared del prao, en la limpieza de los árboles, en el trasteo de las cuadras y el atender del gocho o las gallinas y en otros muchos etcéteras. Y pensamos en aquellos a los que el espacio limita constriñéndolos incluso en 70 u 80 metros cuadrados.  Tan solo echamos de menos, dice Xuan, el bajar los lunes a Cibullo a echar las quinielas y si se tercia jugar la partida. Y como ya todos somos mayores, concluye, también a los nietos que llevan ya quince día sin poder venir a vernos. Parece que la idea de bienestar ha cambiado de bando

Tras desayunar, paseo largamente. Esta vez no me traslado a ningún sitio. Me dejo llevar por la tertulia de Alsina y cuando me quiero dar cuenta estamos ya cerca de las once. Toca mirar por la ventana y leer la prensa. El cartero pasa por la acera de enfrente con su carro y sus cartas y paquetes. Entra en la óptica, pasa junto a un portal abierto y sigue su camino sin cruzarse con nadie.

Comienza la luna su creciente y el Zaragozano me indica que entramos en época de siembra de la patata tardía, lechugas, acelgas, calabaza, calabacín, tomates y cebollas. Tendrán que esperar, o quizás se pierdan todas las producciones de los huertos. El caso es que, de momento, no se pueden adquirir ni plantones ni semillas por no estar abiertos los mercados. Y los huertos seguirán con sus tierras hermas dormidos aún en un invierno de olvidos  cuando la primavera llame con sus aguas y soles a la labranza y cuidados del campo.

Sigue la niebla y la temperatura se coloca en 14 grados. La tarde se presenta oscura y larga. Pasearemos de nuevo y leeremos. La tele también tendrá su momento aunque me dan ganas de pasar de todos los informativos. Me decantaré  por peli y serie

Paciencia y feliz jornada.

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