Del pasillo al Cabril por Genestoso

Genestoso desde el Cabril

Jueves 30.- Acaba abril y con su finalización cumplo mi 48 día de enclaustramiento. Y a fe que ha sido completo. Tan solo en un atardecer bajé a tirar la basura a los cubos que no están a más de diez metros del portal. No he salido a nada más, ni siquiera a mover el coche al garaje como aconsejan. Lo que se dice una cuarentena llevada a rajatabla y amparado en la generosidad de Maribel que se ha encargado de las compras y las pequeñas y puntuales urgencias. Hasta he renunciado a mis preciados periódicos en papel que, con gran dolor de corazón, he sustituido por los digitales.

Tenemos ya ahí el sábado, a vuelta de hoja del calendario. Y aunque la normativa gubernamental dice que los enclaustramientos han de continuar, mucho me temo que con las autorizaciones “para pasear y hacer deporte” se ha abierto la puerta del confinamiento a la generalidad. Considero totalmente imposible el seguimiento y control de las gentes, ni tan siquiera en los sitios más pequeños como los de esta comarca. Tan solo la responsabilidad individual puede librarnos de tener que volver a caminar de nuevo hacia atrás y que yo tenga que iniciar otra vez el conteo de estas crónicas de un enclaustrado.

Mañana es festivo y se celebra, yo más bien diría se celebraba, el Día del Trabajo con fuertes reivindicaciones sindicales; y antes aún, la Fiesta Nacional del Trabajo, con grandes demostraciones de folclore y concentraciones gimnásticas nacionales en Madrid. Ahora ni una ni otra cosa, desplazamientos a las playas y a los pueblos, y este año enclaustramiento.

Verdes en la ruta

Sigue la primavera oculta tras nieblas y nubes, aunque me cuentan que en el campo se ha producido una explosión de colores y los verdes definen los límites de prados y montes. Las vistas desde El Cabril deben de ser impresionantes así que desde la estrechez de mi pasillo doy el salto a los campos abiertos y, como “El gigante con botas” del cuento, en un par de pasos me sitúo en Las Mestas y, carretera arriba, entre paisajes que ya lucen sus mejore galas, me dirijo a Genestoso dejando atrás Carballo y Cibea hasta alcanzar aquel, a 1.140 metros, enclavado en un paraje incomparable. Me asomo a la venta para recuperar y retomo la ruta del Valle de Corros, sencilla y larga que me lleva a “Las tres lagunas”. Dejando el leonés Valle de Orallo a la derecha tomo el sendero que sale a la izquierda que ya nos lleva directamente a la cima del Cabril o Peña Treisa. Maravilla el paisaje con todo el valle de Genestoso a un lado y la impresionante cortada de más de 500 metros que ofrece el Cabril sobre el valle de Somiedo, al otro.

La voz de Maribel me devuelve a la realidad del pasillo y el enclaustramiento. El sol pelea por lucir sin lograrlo del todo. Pronto será la hora de comer, el correspondiente capítulo de la serie, la pingallada y otra vez un largo paseo: las rutinas cada vez son más rutinarias

Paciencia y feliz jornada

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