ENCLAUSTRADOS XXXVII-Primavera en no primavera

La foto de Puerto

Domingo 19.-He efectuado esta mañana un relajado paseo de domingo. Me he llegado hasta La Himera y después he subido con tranquilidad hasta la Bodega que corona Las Barzaniellas. Como ayer y como antes de ayer, como lo venimos haciendo desde el pasado 14 de marzo, desde el pasillo.

Llegadas ya las diez, curioseo por Internet y me encuentro con una foto de José Ramón Puerto que, repentinamente, me abre los ojos y el entendimiento. Como él mismo señala “mientras nosotros estábamos encerrados, la Naturaleza ha seguido su curso”. Y viene a mi memoria aquella cancioncilla de Juan Ramón Jiménez que recitábamos en la escuela

La primavera ha venido

nadie sabe cómo ha sido.

Ha despertado la rama

y el almendro ha florecido

y en el campo se escuchaba

el gri gri del grillo.

La primavera ha venido

nadie sabe cómo ha sido

Ilusionado me asomo a la ventana. Decepción. No veo la primavera, tan solo ha abierto una flor entre los muchos geranios de mis ventanas. Tampoco en las demás macetas colorean. Creo que están tristes de soledad, de la ausencia de vida en las calles a las que siempre están asomadas.

Tendremos que imaginarnos esta primavera desde los balcones y ventanas, mirando al cielo o buscando ángulos que nos abran una rehendija a cualquier jardín o espacio verde. Las colinas que rodean la villa nos quedan muy lejos para apreciaciones de verdes o coloridos.

E inicio mi paseo por un imaginario sendero estrecho de tierra y cada vez más cerrado de verdes. Aquí y allá blanquean margaritas y las flores silvestres tienden manchones diversos más cerca o más lejos. Los prados amarillean de color en un tramo y blanquean en el siguiente. Pasa zumbando un abeja, quiero imaginar que autóctona, que me hace pensar que la vida se ha revitalizado y que la savia en los vegetales y la sangre en los animales se ha animado con el aumento de luz y el aún tibio calor que aportan los días de un abril de aguas.

Vengo en divagar como el dichoso coronavirus nos ha robado esta primavera y con ella días de ferias y fiestas, el pálido alumbrar de los cirios en Semana Santa y su goteado sobre las piedras de las calles estrechas de uno y otro lugar; el destemplado son de los tambores cuyos ecos se perdían año tras año en el espacio y el tiempo, y un montón de paseos por playas y aldeas. Nos robará también la Semana Cultural, el puente de mayo y quizás los Sanfermines, la Descarga, y puede que hasta San Roque en Tineo y San Mateo en Oviedo, por citar tan solo unos ejemplos referenciales de lo mucho que no tendremos. Incluso quizás ya nada vaya a ser lo mismo. Ni siquiera las primaveras venideras.

Mi flor solitaria

Y temo, aunque a admitirlo me niego, que esta no primavera sea tan solo el anuncio de un no verano. Y me imagino los ojos de los niños enclaustrados sin balcones ni ventanas encerrados en un invierno continuo. Creo que el dichoso bicho, de no más de una diezmillonésima de milímetro, ha venido a darnos una lección de humildad. Regodeándonos en nuestro grandonismo y nuestros creídos poderes y control sobre la Naturaleza, mirándonos como tontos el ombligo, ha venido a demostrarnos nuestra real pequeñez, más pequeña incluso que el propio coronavirus.

Termino el paseo y me asomo a la ventana. Recuerdo el poemilla de Machado

La primavera besaba
suavemente la arboleda,
y el verde nuevo brotaba
como una verde humareda.

Las nubes iban pasando
sobre el campo juvenil…
Yo vi en las hojas temblando
las frescas lluvias de abril.

Paciencia y feliz jornada

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