ENCLASUTRADOS XLIV.- Domingo de niños

Comsosición de Maribel R.

Domingo 26.- Esta mañana he abierto la ventana de mi despacho, en la fachada que está orientada hacia el sureste, hacia el regueiro de San Martín. Desde el gran prao de las monjas me llegaba nítido el piar de los pájaros animando al sol a romper la niebla y las nubes. Y entones caí en la cuenta. Hoy, en cada casa, los niños estarán tan alborozados como los pájaros dispuestos a invadir las calles. Sin embargo han pasado las nueve, las diez y las once de la mañana y, de momento, no he visto pasar ningún niño; ni siquiera a mayores. Algún paisano suelto con la barra de pan o el periódico

Nueve de la mañana

Imagino que en algún lugar de la comarca los niños habrán comenzado a salir a la calle. Llevo desde las nueve apostado en la ventana, cámara en mano, dispuesto a inmortalizar a los primeros que pasasen por la acera de enfrente. A la once y media veo a lo lejos a un niño de la mano de su madre y casi seguidamente un niño en bicicleta. Hago la foto.

Doce y media

Tal creo que ha habido muchas desilusiones. Los infantes, por mucho que les han explicado, han salido imbuidos en su concepto de vida más que de libertad (término abstracto aún para su mente): correr, gritar y darse empujones o abrazos con los amigos. Y se han encontrado con un paseo con adultos, sujetos por la mano, y limitados a poner un pie detrás del otro al ritmo que le marcan su padre o su madre. “Esto no es salir”, se dirán.

A eso de las doce y media, la acera parece animarse. Dos niñas pasan de la mano de su madre dirección al Corral; en dirección contraía un padre, y algo más lejos, otro. Parece que la mañana quiere animarse pero el tiempo no ayuda. No llueve pero tampoco luce el sol. La temperatura es de trece grados.

En uno de los edificios de enfrente vive una familia árabe con al menos dos niños pequeños. Acompañados de su padre salen todas las tardes a aplaudir con entusiasmo. Intento ver si salen o no salen, no lo logro. Me da la impresión de que en este tramo de Uría son pocos los matrimonios con niños.

Doy cuartelillo a la mañana del domingo, aunque no renuncio a mi paseo, ni al café de las doce y media, Tampoco, y ya pasada la una a una cervecita. La acera ha vuelto a quedar solitaria en esta mañana sin sol. Y recuerdo a Pablo Iglesias dirigiéndose a los niños y queriendo organizar la salida de los mismos emulando en el recuerdo a Eisenhower y Montgomery en el desembarco de Normandía. Aquí al menos espacio había pero faltaron niños.

Semilibre

De alguna forma ha venido a romperse el confinamiento de muchos. Los niños tendrá a su disposición múltiples acompañantes dispuestos a llevarlos de la mano uno detrás de otro. Y con el pretexto de darlos la mano aparece de nuevo la picaresca. Por eso quizás no podremos compararnos nunca a los países del centro de Europa, y menos aún a los nórdicos. En aquellos lares, una orden se cumple sin más, sin cuestionarse su naturaleza. Se cumple y amén. Y aquí comenzamos a cuestionarla, en principio, antes de que salga en el BOE y, seguidamente, no tardamos media hora en buscarle las vueltas para no cumplirla.

La tarde se desliza perezosa aún más triste y oscura que la mañana. Leo y me encuentro con esta perla. “Con sus actuaciones y sermones sabatinos, Sánchez va a convertir a Aznar en bueno, a Zapatero en estadista y, en el colmo de los colmos, en paria a Besteiro, presidente que fue del PSOE, de UGT y de las Cortes”. La calle está de nuevo oscura y sin niños

Agradeciiento en Google

Paciencia y feliz jornada

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