CANGAS DEL NARCEA.- La foto su pie: ¡Llueve!

 

Ocho de la mañana. Aun con legañas en los ojos me asomo a la ventana. Los profesionales de predecir el tiempo han fallado, me digo. Aunque el cielo está encapotado, ni asomo de lluvia. Media hora después, cuando me dispongo salir, veo que llueve intensamente. Busco un paraguas y me pongo la chaquetilla del chándal. Ha enfriado.

Golpea la lluvias contra a las hojas de los árboles, contra el camino polvoriento, contra las folgueras y zarzales. Es el suyo el único sonido en la mañana. Unos caballos corretean en un prado lejano. Tarda la tierra en mojarse. Está reseca y sedienta, ávida del líquido regenerador que por fin acude en su auxilio. Hasta pasada media hora larga no aparecen los primeros charcos. Llueve en la aldea solitaria y tremendamente silenciosa

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