Enclaustrados IV. Échate p´atrás, ho

Martes, día 17. Me despierta mi propia voz. Me incorporo despistado. Faltan unos segundo para las siete. Es la magia de la radio. Estoy a la vez en ella y en la cama.

El día se cuela por las ventanas. Me levanto y me asomo a la de la cocina. Llovizna pero se ven claros. Son las ocho y la luz es ya total; y es que hoy precisamente y según dicen los hombres del tiempo, igualan las noches con los días.

Con la radio puesta y una parsimonia acorde con mi condición de jubilado y enclaustrado me preparo el desayuno y me siento para dar cuenta del mismo. Me siento, algo que no he hecho en años, en muchos años. Siempre me he tomado un café a carreras y de pie. Cambian tiempos y costumbres. Ha ya tiempo que no trasnocho

En Onda Cero, Miguel, que ahora es más que nunca el cordón umbilical que une a todos los vecinos de esta comarca suroccidental, da la temperatura; cuatro grados. El cantar de los pájaros llega un día más desde el prao del convento a mis oídos. Enfrente, las flores anuncian la pronta llegada de la primavera. Tendrá que venir con mascarilla, me digo

No hay movimiento en la villa. Bueno, casi. Un hombre grita desde la acera de enfrente. Me inclino aún más sobre el alfeizar. En esta acera, un conductor se dispone a salir del estacionamiento. Cruza el otro por el medio de la calzada

-¿Dónde vas tan deprisa?. Para, ho

Lo hace el conductor. Llega el hombre e intenta apoyarse en el cuadro de la ventana abierta. En el silencio de la calle se oye al primero perfectamente

-Échate p´atrás. ¡No sabes que hay que guardar las distancias!

Da el hombre un paso atrás, pero enseguida vuelve a acercarse

El conductor comienza rodar muy despacio

-¿Pero tú que haces en la calle?.¡Van denunciarte!

-Tas tú bueno. ¿Por qué te crees que llevo la bolsa en la mano; si vienen los guardias dígolos que voy a comprar y así echo por ahí la mañana

-Tus estás loco, dice el conductor alejándose.

Pero no todos somos tan insensatos. Estoy convencido que en toda esta comarca son muchos más los que cumplen que los intentan engañar o simplemente se crean mucho más listos, por encima del bien y del mal..

Se nota que no han bajado los paisanos de los pueblos, hay muchos huecos pese a que ya se ha liberado la zona azul.

Unos ligeros estiramiento y me dispongo a dar mi paseo. Una hora. Voy a ir hasta Llano desde el Cascarín. Se hace empinada la cuesta. Inclino ligeramente el cuerpo hacia adelante y levanto exageradamente las rodillas. Creo que hasta realmente resoplo. Seguro que si ve mi amigo Xosé María me llama de todo.

Maribel sale a por el periódico y me hace la foto que se adjunta. Todo sigue cerrado como en un olvidado pueblo del Oeste americano. Tan solo falta que el aire mueva por las calles, revoloteando, las escobas secas.

Inicio la tarde dejándome llevar por los amoríos y problemas de los de “los tiempo revueltos”. Otras hora de paseo, pero visto lo que sufrí por la mañana escojo un camino más llano y voy hasta La Himera por el Paseo del Vino.

Vuelvo a la tecla, leo los periódicos y vuelvo de nuevo a la tecla.

Son días propicios para el silencio, incluso para conocernos a nosotros mismos.

Paciencia y feliz jornada

 

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