ENCLAUSTRADO XXVI. Día de maletas virtuales

Miércoles Santo, día 8. Se abre la semana a la esencia de su definición: Semana Santa. Hoy se habrían acrecentado las procesiones penitenciales, y se habrían completado los desplazamientos de asueto a las playas o a aquellos lugares que nos vieron nacer o del que son originarios nuestros padres y abuelos.  Este año la viviremos desde la nostalgia los más mayores y desde la frustración y el enfado los más jóvenes.

Nos abre la niebla al día. La temperatura es agradable, de primavera, al igual que ayer fue todo el día. El buen tiempo, aún con lluvia a ratitos, nos hace un poco más cuesta arriba el encierro.

Inicio mi paseo charlando con Felipe González aunque hable él solo. Repite una y otra vez una muletilla: “Por favor, pero por favor”. He dejado atrás las diez y veo como el sol se abre camino. Queda el día limpio y agradable, 13 grados. Me pongo a escribir estas líneas a la vez que voy y vengo a la cocina mientras Maribel se afana en las tareas de limpieza.

Ayer preparó un par de mascarillas por si declaran su uso obligatorio, más vale prevenir aunque yo quizás ni siquiera las necesite. Puedo asegurarles que llevo 26 días sin pisar la calle absolutamente para nada. Me pregunto si se puede declarar algo obligatorio si el mercado no dispone de ello o hay muchas familias que no se pueden permitir el desembolso de adquirir una mascarilla a 12/13 euros para cada uno de sus componentes. Creo que en puro y común razonamiento habrán de esperar a que puedan estar disponibles y de forma gratuita, al menos para los más necesitados.

En la calle sigue el ir y venir. Hay relajamiento en cuanto al enclaustramiento. Observo como la mayoría de los que pasan son personas mayores. Muchos cayados y pocas bolsas. Algunos pasan totalmente despreocupados, paseando lentamente. Y los vuelvo a ver por la tarde. Un par de ellos son asiduos en el cruce de mis paseos de antes y otro par, en este caso de ellas, lo son de mañana y tarde pero eso sí, siempre con el carro de la compra.

Me sorprendo a mí mismo en estas disquisiciones cuasi de cotilleo aldeano y me detengo en el llamamiento del gobierno invitando a la denuncia de aquellos que a nuestro particular criterio no cumplen con las normas establecida con respecto al confinamiento. No me gusta que se alimente este sistema de delación pública; puede sacar al exterior envidias rencores o rencillas ocultos, o que la envidia te haga actuar con maldad y falta total de objetividad. No me gusta y me retrotrae a otras épocas en que este sistema llevó a muchas detenciones de inocentes e incluso a la muerte de algunos. Aquí contamos si observamos esto o aquello desde la ventana, si hay más o menos gente, o si pasan más o menos vehículos en un relato del trascurrir de los hechos en el día a día, nada más.

Avanza la mañana hacia su mitad. El sol se ha adueñado del paisaje. A través de las redes se desata el humor con respecto al inicio de las vacaciones. Son muchos los que preparan maletas para ir a la costa o al pueblo. Y mucha también las imprecaciones contra el dichoso virus.

Comida y siesta y dejar que la tarde se vaya muriendo entre lecturas y cine televisivo hasta que a las ocho salgamos de nuevo al balcón.

Paciencia y feliz jornada

 

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