ENCLAUSTRADOS XXVIII. Viernes Santo

Día 10.Viernes Santo.- Se inicia el Viernes Santo un tanto oscuro, y triste, como a su denominación y advocación litúrgica corresponde. No tenemos un Viernes Santo de sol, de calle y plazoletas llenas, de terrazas atestadas, de ir y venir de unos y otros. Pasa alguien con lo que se adivina una bolla de Pascua”. Como está todo cerrado me pregunto ¿Será la bolla artículo de primera necesidad? Debería serlo. Al menos elevaría la moral de los enclaustrados y endulzaría el día a los más.

Hay mucho menos movimiento que otros días. Ha llovido toda la noche y el día está nublado y con chubascos muy débiles. Pasa el hombre grueso de andar lento y peculiar de todos los días. Lo hace entre las nueve y cuarto y nueve y media. Vuelve a la una y media. Eso me hizo pensar que trabajase en alguna tienda. Pero hoy está todo cerrado y eso descabala mis elucubraciones.

A la situación viene a unirse una nueva decepción: No podrá inaugurarse en la procesión prevista para hoy el nuevo paso del Cristo de la Salud que iba a impulsar y dignificar la penitencial del Viernes Santo. No cree el párroco que se cambie a otra fecha como se apunta que sucederá en algunos otros lugares. Se dejará para el próximo año aun cuando todo estuviese dispuesto y los nuevos cofrades preparados.

Semana Santa en la Enciclopedia Álvarez

Avanza la mañana. Intenta salir el sol sin lograrlo del todo. Llovizna aunque es buena la temperatura. La quietud impregna toda la villa. El hecho de que tiendas y grandes superficies se encuentren cerradas limita aún más los movimientos. Es una penitencia añadida la que tenemos en esta Semana Santa, la del retiro, en este caso físico y se quiere también espiritual, impuesto desde fuera. Por el bien de todos, sí, pero confinamiento al fin y al cabo. Y todo apunta que tendremos al menos hasta fin de mes. Comienza a preocupar la celebración de las fiestas de verano y, entre ellas, nuestra Descarga o San Roque.

Por el aquel de que no se pierda toda la esencia semanasantera, Maribel se pone a hacer unas torrijas. Al estilo de Larna, me dice cuando yo pretendo las haga de vino al estilo andaluz. Tampoco huele a azahar, ni a romero e incienso, como en mi niñez y adolescencia.

En mi paseo pienso si vendrá a darse el caso de que tras este encierro y esta peculiar y no conocida Semana Santa, todo se reordene de nuevo y se cambien o aparezcan nuevo oficios que nos hagan ver que el ser futbolista no es necesariamente el mejor de todos.

Hago un alto y me pongo a preparar un potaje de vigilia como al día corresponde. Al estilo de mi tierra de origen, con bacalao, laurel y comino, pero a falta de romanzas agrego espinacas. Es esta una plana silvestre de nombre genérico que deriva del latin  rŭmex, rumǐcis.

El todo va ir bien comienza a sonarme como soniquete paternalista que viene a tranquilizarnos haciéndonos ver que, una vez todo acabado, la solución y el bienestar general  nos vendrá dado de la mano de papá Estado que se halla en posesión del mitológico Cuerno de la Abundancia y es capaz de pagar todo sin recaudar nada.

La gente sigue buscando pretextos para justificar salidas. Un personaje lleva ya un montón de días paseando mañana y tarde el periódico del domingo en que se inició el encierro, como si cada mañana recogiese el del día impregnado aún de la tinta fresca. “Nunca ha comprado un periódico” señala la quiosquera. Y es que las Redes son unas acusicas.

Paciencia y feliz jornada

 

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