ENCLAUSTRADOS XLII.- Rutinas mañaneras

Nueve de la mañana

Pues ya estamos en San Viernes.Otra semana liquidada, otra semana más, u otra semana menos; como señala el refrán “todo depende del cristal con que se mire” o el particular punto de vista de cada quién.

Y es que aunque muchos de ustedes no lo crean, el tiempo se nos desliza entre los dedos como agua del regato que baja rápido tras la tormenta. Siempre corriendo siempre con distinta agua. Igual que las horas siempre pasando siempre distintas, pero siempre iguales. Aunque esto nos pasa a los viejos esencialmente. A mi joven sobrino madrileño se le hacen los días eternos, largos, largos y aburridos, hasta llegar al “ya estoy harto de todo, no sé por dónde tirar. No me quedan ni series”.

 Aunque me levanté a las ocho, todo se me viene encima. Tras el preceptivo aseo, que no va más allá de media hora, desayuno escuchando la radio que en esta especial mañana, de la mano de Alsina, me lleva a recorrer mi vida en las voces y los recuerdos de aquellos que a través de las ondas han puesto voz a la misma durante todos estos años. Once grados y un sol que se va y se viene sin definirse como ha venido haciendo todos estos días.

Puesta a punto de la cocina y dejar semipreparado el desayuno de Maribel. Y al paseo que se extenderá hasta las diez, y también oyendo la radio salvo que la loca de la casa (la imaginación) se dispare y se lance a recorrer camino por Cangas o Berzocana sin que los pies se separen del suelo del pasillo. Lectura rápida de la prensa digital en todo lo concerniente al Suroccidente, de correos, de alertas, de comunicados y notas de prensa, determinación de sus urgencias, redacción y puesta al día. Y, hala, a partir de ello a escribir para el blog y redactar el “enclaustrados” del día que se irá completando a lo largo del resto de horas.  Antes de ello, ya he grabado y enviado el correspondiente del día anterior a Onda Cero. Café a las doce, doce y media, y a seguir dándole a la tecla. Mientras todo ello se desarrolla ir y venir a la cocina preparando el cocinado que ha de configurar la comida del día. Casi sin darme cuenta me pongo en las dos, cervecita, terminar la comida y pergeñar lo que han de ser los “Enclaustrados” y artículos de mañana. Llegadas ya las tres es la hora de yantar. Y no seré más pesado. Ya les relataré como son las tardes, eso sí mucho menos complicadas y más pausadas.

Y siguen cayendo los días de enclaustramiento, y los noes y síes del gobierno sobre un mismo asunto, y el es pero no es; y el ahora sí y ahora no, cuando me entero que para tratar de aunar criterios y esfuerzo para salir de la crisis económica que se nos viene encima, gobierno y oposición, tras muchos dimes y diretes, deciden como fórmula suprema del equilibrio político “crear una comisión parlamentaria”. Y nos quedamos todos tan contentos aun sabiendo que, a pesar de las muchas habidas, casi ninguna ha servido para nada y menos aún han llegado a cerrarse con acuerdo alguno. Es el mejor sistema encontrado para no solucionar nada y lavarse las manos dejando que en las tales Comisiones se pudran los asuntos. Pero por si algo faltaba, agregan que en aras de la democracia se añadirán representaciones sindicales, de las autonomías, de la patronal y de los ayuntamientos, como mínimo. Si éramos pocos parió la abuela, y en domingo.

Paciencia y feliz jornada

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